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martes, 14 de junio de 2011

EL NACIMIENTO DE LA ESTÉTICA

La estética, derivada de la voz griega aísthesis (sensación), es la rama de la filosofía que se encarga del estudio del fenómeno artístico, es decir, de la teorización de la percepción de los objetos artísticos y su belleza mediante la reflexión sobre el arte y el hombre y cómo se relacionan ambos entre sí; es por ello que hablamos de experiencia estética, porque la estética comporta la combinación de la percepción del objeto artístico y su conceptualización como tal, es decir, que el arte existe en tanto que es conceptualizado como arte.
La filosofía del arte, la estética, surge a finales del siglo XVIII en un momento de transición en el que la Edad Moderna cede paso a la Contemporánea; el XVIII se caracteriza por el enorme desarrollo de la ciencia y la tecnología, cuyo progreso se fundamenta en:
  1. Racionalismo, toda realidad puede ser científicamente analizada según principios racionales.
  2. Empirismo, la experiencia de los hechos produce su conocimiento.
  3. Pragmatismo, el grado de verdad de una teoría reside en su valor práctico.
Con este armazón teórico, los ilustrados Hamann, Winckelmann y Kant, entre otros, sentaron las bases filosóficas, políticas y estéticas del siglo XVIII que pretendían expandir: el correcto pensar (autónomo), la lucha contra los prejuicios autoritarios sociales y religiosos, la práctica de la tolerancia y la virtud tanto en la vida pública como en la privada, ligando el concepto de virtud y felicidad; pues la felicidad surge de la conciencia de la virtud, del hecho de practicarla; de ahí que la Constitución Americana erigiese como derecho fundamental de todo ciudadano “la búsqueda de la felicidad”. Todo el conjunto de ideas del periodo ilustrado, en especial la idea de progreso a través del conocimiento y de que el dominio de las leyes que rigen el mundo liberará al hombre de la ignorancia, derivó en una serie de transformaciones políticas y sociales. El proceso revolucionario, abierto en América y prontamente trasladado a Europa, derroca al absolutismo y se inicia la instauración de la democracia burguesa, la sociedad estamental es sustituida por una sociedad de clases nacida de la revolución industrial, pues el maquinismo transforma el modelo de producción y con la liberalización económica que, por ejemplo, puso en manos de capital privado medios de producción que antes eran públicos, véase el caso de los pastos comunales y su transformación en enclosures en Inglaterra, que provocó un éxodo rural que alimentó las fábricas textiles.
Los ideales ilustrados promovieron las citadas revoluciones, la fe religiosa fue sustituida por la fe en la ciencia y en el progreso de la humanidad por medio de la educación; Kant llega a considerar a las pasiones, los sentimientos, las emociones como cánceres para la razón práctica, pues obstaculizan la libertad de elección y de decisión, para los ilustrados, el entusiasmo y la melancolía son ofuscaciones del entendimiento, enfermedades de la imaginación. La racionalidad se impone e impregna toda la actividad filosófica y la estética del XVIII se vuelca en el idealismo platónico, la reflexión está en preguntarse qué es lo bello y se concluye que lo bello es lo perfecto, entendido como la proporción correcta entre las formas que constituyen un objeto artístico, el cual es expuesto al público y reseñado para su correcta interpretación en museos. Todo ello es muy razonable, se induce al público a contemplar un objeto artístico, se le informa del material con que está realizado, se le informa sobre lo que representa la obra e incluso se le dice lo que expresa el artista en su obra; negándose la experiencia estética al público; sin embargo, desde el punto de vista ilustrado, el público ha sido educado, ya que ha contemplado un objeto artístico y en la medida de lo posible lo ha hecho con total racionalidad, evitando que la emoción con su perniciosa actividad hiciera desbarrar el correcto juicio de la razón. Pero ante este ensueño de racionalidad en el que los ilustrados veían a la educación como una panacea que curaría a la humanidad de todos los males, en especial, de ese virus que es la creencia en dios, que veían a Napoleón como un moderno Prometeo que venía a liberar al mundo del yugo feudal y a las máquinas como entes que liberaban a los hombres de la esclavitud del trabajo, se opone una cruda realidad, la guerra era un viento que asolaba a Europa, la mecanización del trabajo provocaba la alienación de los trabajadores convertidos ahora en masa obrera y la educación enciclopedista redundaba en beneficios para unos pocos; es ahí, donde surgen Las cartas sobre la educación estética del hombre, Schiller escribe en 1795 un documento que disecciona su realidad contemporánea y compone el panorama de la humanidad a través del análisis del arte de su tiempo, por lo que se le puede considerar como fundador, sino de la estética, al menos como fundador de la estética contemporánea. Para Schiller el triunfo de la razón no había traído la felicidad al hombre, sino más bien lo contrario, la ciencia y la tecnología habían hasta cierto punto desencantado el mundo y ahora el hombre vivía encorsetado en unos ábitos, supuestamente, civilizatorios, que lo constreñían a una realidad no querida, no pensada y que no le permitían jugar, pues el juego es lo que nos hace humanos, es en el juego donde el hombre desarrolla sus pulsiones: la sensible, la formal y la lúdica; manifestándose todas ellas en el juego. Así pues la educación estética que Schiller propone es aquella que educa a la sensibilidad mediante el pensamiento para hacerla hábil y disponible para el juego de la belleza, es decir, para vivir la experiencia estética, para participar en el juego que un autor propone y plasma en una obra artística que es interpretada por quien la lee, la escucha, la contempla… en definitiva, por quien la vive.
El triunfo de la razón, la expulsión de las emociones de la vida humana no le traen la felicidad al hombre, sino que lo sumergen en la más profunda depresión, como expresaría Nietzsche: “cuando miras al abismo, este te devuelve la mirada”. Por ello, Schiller incita a sus contemporáneos a repensar el mundo, a convertir la vida en un juego que nos abstraiga de una realidad, que asfixia a la vida y para ello hay que entender que la vida es un juego y que el juego es un arte y es aquí donde se configura un arte nuevo que rompe las barreras formales dieciochescas y se transforma en un arte para la vida, no para la razón. El arte se humaniza y por tanto se hunde en sus raíces, se vuelca en lo folklórico, se revaloriza lo popular, lo sentimental, lo emocional y se genera un arte para las masas, pero no para masas racionales que van al teatro a aprender normas y decencia moral, sino para vivir experiencias catárticas al modo en que lo hacían los pueblos antiguos, como el griego en los teatros o el persa en los templos a cielo abierto.
Esta nueva conceptualización del arte y la vida surgida de la concepción estética de Schiller que entiende la vida humana como experiencia estética surge a finales del siglo XVIII en clara oposición al racionalismo imperante en la sociedad ilustrada de la época, así como contra las rígidas normas del clasicismo. Con Schiller nace el Romanticismo, una corriente de pensamiento de múltiples y variadas vertientes, por lo que resulta difícil de catalogar: en lo político se caracteriza por asociarse a movimientos nacionalistas, en lo social por la ruptura con las normas establecidas, pero es sobre todo una corriente de pensamiento que afecta al modo de entender el arte; los románticos se caracterizan por tener como señas de identidad la imaginación y la emotividad contraponiéndose estas al análisis crítico. Para los románticos el sentimiento es el valor supremo, este está por encima de la razón, de las leyes y de la moral; por lo que los artistas inmersos en esta nueva estética rechazan el espíritu ilustrado que aspiraba a educar y mejorar la humanidad y optan por el individualismo y la excentricidad, conceden por tanto una gran importancia al inconsciente y a la intuición del genio.
Los artistas románticos se sirven de la inspiración para viajar a otros tiempos a otros espacios, para penetrar en los abismos de la mente humana y redescubrir en ella la belleza que la humanidad ilustrada había perdido y anhelaba recobrar; por esta razón los artistas se convierten en héroes que utilizan las artes como armas contra la razón, con la intención de liberar al hombre de la civilización y provocar así su nostós a la Natura.
A continuación ahondaremos en la estética romántica de la mano de algunos de sus héroes y a través de sus armas comprenderemos mejor su espíritu. Comenzamos con la primera de las artes, la palabra, y escogemos como paladín a Goethe, genio creador del romanticismo alemán y franco exponente del pensamiento romántico que explora en el pasado su sentido presente. Goethe muestra en su obra Del Diván de Occidente y Oriente su quehacer literario, su búsqueda de la inocencia primordial, en la creencia de que si indagamos en el pasado nos encontraremos en la universalidad de la sentimentalidad, es decir, que las diferencias entre los seres humanos son producto de la cultura cercenadora de la naturaleza esencial del ser humano; por ello busca expresar en su literatura: su individualidad como expresión de su universalidad.
Los siguientes versos proceden de esta obra de 1819 y que son una imitación, entendida esta como redescubrimiento y reinterpretación de la poesía persa.
HÉGIRA
Allí, en aquella pureza,
donde aún impera el derecho,
en la original hondura
de la raza humana, quiero
mi ser abismar; allí
donde aún los hombres del cielo
reciben la alta doctrina
dicha en lenguaje terreno,
y aún no se rompen la crisma
como nosotros hacemos.
  
En estos primeros versos se ven algunas de las características de la literatura de Goethe y por extensión de los autores románticos, la percepción de que su tiempo supone una ruptura con la naturaleza, con la pureza, la inocencia… del ser humano; de hecho vemos que Oriente representa el lugar edénico donde el hombre vivía acorde con su naturaleza, donde sus acciones estaban regladas por lo natural, Oriente representa la universalidad de lo humano en los humanos y eso se expresa en la universalización del lenguaje, de ahí que en esta época la filología tuviese como meta el desvelamiento de una Ursprache, un lenguaje primordial del que derivan el resto de lenguas y que sería tal cual fue el verbo divino. El lema Ex Oriente Lux representaba para Goethe la verdad esencial de que todo conocimiento estaba encerrado en la palabra, en la voz primigenia de una Ursprache por descubrir y que esta lengua se encontraba en Oriente era su creencia más afín. La razón última por la que Goethe encontraba Oriente tan fascinante era por el carácter evocador y sensual de la poesía persa, las palabras estallan en la boca y generan sensaciones olorosas, auditivas, táctiles, visuales… en definitiva, la poesía, la palabra, Oriente tiene un carácter sinestésico; que se opone al supuesto carácter racional de Occidente.
Donde aún honran a los padres
y a extraños servir se niegan;
allí ser feliz yo quiero,
de mi juventud frenando
la desbocada carrera;
amplía la fe, el pensamiento
estrecho; que el verbo fue
tan importante en Oriente
por su limpia nitidez.

En estos versos Goethe se sumerge, aún más si cabe, en la idea de la naturaleza perdida, representada en esos padres a los que se honra, es decir, a la sociedad primigenia; y expresa su ansiedad por una felicidad que su tiempo y su espacio le niegan, en Oriente el hombre es feliz porque no vive la angustia del tiempo febril y fabril de la época industrial, donde los campesinos se han convertido en obreros, donde el ser humano es convertido en una mercancía más y su valor está referenciado a la ley de la oferta y la demanda en el mercado laboral. Además los versos rememoran una vez más la palabra como virtud, la palabra como acto honorable, pues es limpia, lo que incide en que es comprensible y no está llena de los subterfugios ni de la maldad imperante en las palabras de Occidente, que como reza la canción del grupo Mandrágora: “hombre blanco tener lengua de serpiente”.
Quiero alternar con pastores
y de los frescos oasis
disfrutar la grata sombra
cuando en ellos hace alto
la caravana sudorosa;
traficar en ricos chales,
en café de fuerte aroma
y en el almizcle preciado
por su fragancia famosa,
y hollar todos los senderos,
del desierto a la ciudad,
de la ciudad al desierto.
Los versos finales nos presentan unas escenas que evocan el mundo de los sentidos, la percepción impregna el poema, que finaliza regalando al lector un cúmulo de sensaciones, pues la palabra tiene la magia de provocar y excitar la imaginación por medio de la representación y al hablarnos del aroma del café, del almizcle o del color de los chales, podemos verlos y olerlos. La palabra y su poder mágico de representación nos eleva a un mundo primigenio, esta vez representado por los pastores, la palabra sirve de guía en un mundo cambiante, pero que de un modo u otro, pues todos los caminos conducen a Roma, volverá a ser lo que era, el hombre que abandonó el mundo de la naturaleza (desierto) para vivir en el mundo de la cultura (ciudad) acabará retornando a la Natura.
En conclusión, Goethe presenta en su Diván un Oriente caracterizado como la imagen de la naturaleza, de la inocencia, de los sentidos, de la bondad, de la justicia, de la virtud, de la paz... en definitiva, de la universalidad de la sentimentalidad humana; razón por la que se opone a un Occidente donde prima la cultura, la racionalidad, la injusticia, el desasosiego… lo que motiva en Goethe una querencia por Oriente es la perdida que ha supuesto para Occidente el desencantamiento del mundo por culpa del exceso de racionalismo ilustrado que en lugar de proporcionar felicidad, ha traído la desgracia en forma de guerra y capitalismo. Por este motivo Goethe pretende que volvamos nuestra mirada hacia Oriente, pues considera que el hombre hallará la felicidad cuando se reconcilie con su naturaleza esencial y estética; de ahí que trate de plasmar en su literatura la necesidad de retornar a lo originario, pues estima que la felicidad se halla en el regreso al estado primigenio, cuando un hombre era un hombre y no un esclavo del progreso científico-técnico y para ello, para lograr llegar a la prima natura humana apela a los sentidos, a través de los olores, los sabores, los colores… a través de la estética, indagando en la sensación individual, se llega a la sensación universal; cuando Werther conoce a Lotte (personajes principales de la novela de Goethe Las penas del joven Werther) cae presa de un profundo sentimiento amoroso, del que nos hacemos eco en nuestros corazones, logrando así llegar a la universalidad del sentimiento humano, el amor se siente igual aquí y en Pekín, hace tres mil años y dentro de tres mil, pues el amor es un sentimiento universal que liga a toda la humanidad; ahí reside el sentido último de toda obra romántica, llegar a lo universal a través de la exploración de lo individual. Goethe, como si fuese un arqueólogo emocional, expone a un personaje, lo individualiza en su forma de vestir, de actuar, de hablar, de amar… depura tanto la individualización de Werther, que este acaba convertido en un personaje universal; cuanto más individual es un personaje, cuanto más singular nos parece, cuanto más original se nos presenta… más universal es.
La estética romántica se resume en la sentimentalidad y el arte es todo aquello que expresa un sentimiento, por lo que podemos afirmar que el romanticismo es arte y si hay algo que caracterice al romanticismo como corriente artística es el predominio que tiene la música sobre el resto de fenómenos artísticos en este periodo, hasta el punto de poder afirmar que el romanticismo es música. Bajo esta afirmación presentaremos a otro de los grandes héroes románticos que armado con su genio creador impulsó una nueva forma de expresar en sus composiciones musicales, hablamos de Beethoven que fue un compositor que trascendió las reglas de las formas musicales establecidas en su época y de esta manera se sumó al desarrollo del nuevo estilo musical que se genera en el periodo romántico.  Las formas de expresión de sentimientos entre humanos son variadas y abarcan tanto al consciente como al inconsciente. En el terreno del arte, considerado como una herramienta poderosísima para expresar sentimientos y emociones, debemos considerar a la música como la mayor catalizadora de expresión emocional, ya que conecta de inmediato al consciente con el inconsciente. La música consigue embelesarnos y nos transmite con suma naturalidad aquello que el autor desea comunicarnos a través de la melodía.
La sonata para piano nº14 en do sostenido menor "Quasi una fantasia", Op.27, n. º 2, popularmente conocida como Claro de luna, es una de las obras más famosas de Beethoven. Esta sonata se compuso en 1801 y consta de tres movimientos:
  1. Adagio sostenuto, El primer movimiento es pianísimo y sólo en algunos pasajes alcanza el mezzoforte.
  2. Allegretto, El segundo movimiento es un minueto, es decir, algo muy convencional de la época, que curiosamente está escrito en re bemol mayor, tonalidad enarmónica con do sostenido menor (la del primer movimiento). El carácter es bastante apacible y no consta de sobresaltos, elemento a contrastar con el siguiente movimiento.
  3. Presto agitato, El tercer movimiento supone un experimento de Beethoven, el movimiento consta de rápidos arpegios, escalas y un juego hábil de preguntas y respuestas entre las dos manos. Su dificultad es muy elevada y contrasta con la de los dos movimientos anteriores.
La audición de Claro de Luna destaca por la sonoridad y capacidad expresiva del piano, la pieza pone melodía a todo el estado anímico, emocional, de Beethoven cuya melancolía y depresión se plasman en el primer movimiento, que incita a contemplar el mundo exterior como interior, presentando una escisión entre el artista y la sociedad, un abismo separa al genio creador de la masa social. El segundo movimiento incide en la separación del individuo de la sociedad, la separación se eterniza en un movimiento sin sobresaltos, que simplemente provoca la acentuación de las sensaciones fundadas en el primer movimiento y que en este segundo se erigen como protagonistas absolutas del devenir de la pieza, uno tiene la sensación de soledad, se siente un ser incomprendido, los acordes son suaves y eternos, como si la noche hubiese inundado nuestra alma y de repente llega el tercer movimiento, que te deja una sensación de euforia, las notas se suceden una a otra y todo adquiere una velocidad repentina que incita al movimiento, es como si un rayo de luz inundase la habitación y te obligase a despertarte y a levantarte, como si fuera necesario pasar de la noche al día, de la pasividad a la actividad, de la soledad a la compañía.
El lenguaje musical posee la virtud del encantamiento, al igual que la palabra, y si bien Beethoven está enmarcado en una corriente clasicista, que él mismo reivindicaba para sí, la pieza Claro de Luna es un perfecto ejemplo del romanticismo musical por su capacidad para conmover, para generar estados de ánimos a partir del ritmo que imprimen en la pieza que va desde la quietud al frenesí, con un cambio sorprendente y que conecta a quien la escucha con el autor de la obra, dicha conexión resulta aurea a pesar del inesperado cambio de ritmo en el tercer movimiento, lo que comporta una sensación de unidad en la pieza es su capacidad para provocar en quien la escucha el paso sucesivo de un estado de ánimo melancólico a uno eufórico, lo que sin duda es la gran virtud de la música, ya que esta es capaz de trasladarnos a un mundo de sensaciones que van más allá del simple oír.
Hasta aquí hemos sido expuestos al dominio de la palabra y de la melodía, hemos departido con Goethe, que nos ha traslado a Oriente, y con Beethoven, que nos transmitió su vigor; pero la estética romántica reivindica la creación inconsciente, la superación de la individualidad, extremándola, decapándola, purificándola hasta sacralizarla para llegar a la verdad universal, que no es otra que el hombre forma parte de la naturaleza y que en realidad el artista no crea, sino que es la propia naturaleza la que crea. Es por esto que durante el romanticismo se practica la jardinería, entendida como arte que hace confluir en un espacio común a la naturaleza y al hombre.
El romanticismo pretende una vuelta al pasado, revaloriza a la naturaleza y considera que los antiguos vivían acordes con esta, de ahí que la jardinería se convierta en un fenómeno artístico de gran calado, pues conecta a los románticos con aquellos placenteros jardines epicúreos, en los que los hombres conversaban de los más altos temas, pero no lo hacían mortificándose, sino disfrutando de la sensualidad, del placer que inunda a la vida cuando esta se convierte en vivencia. La estética romántica deifica a la naturaleza y la convierte en protagonista absoluta de sus creaciones, los jardines románticos se aparecen salvajes a los ojos ilustrados, que tenían como modelo de jardinería a Versalles, con su geométrica disposición, daba cuenta del alto grado de cientifismo que el hombre ilustrado había alcanzado; sin embargo, el paisaje romántico, ejemplificado en el modelo de jardinería inglesa, está pensado para mostrar a nuestros ojos la belleza creadora de la naturaleza, que se crea a sí misma, sin intervención humana, sin que la cultura, la ciencia y la tecnología sean necesarias para que la naturaleza cree y perviva.
Este cuadro de Carl Gustav Carus (1789-1869) titulado Árboles, es una muestra de cómo este modelo de jardinería se traslada a la pintura, vemos en el cuadro una protagonista única, La Naturaleza, que se muestra a sí misma en toda su magnitud, deificada, toda la imagen parece tener vida propia, las rocas, las plantas, los árboles, el mar y el cielo, todo está vivo. El cuadro muestra un paisaje natural, exento de figuras humanas, en primer término hay unas rocas, tras los cuales nos encontramos ante una colina en cuyo centro encontramos a unos árboles de gran tamaño, pero que se encuentran ajados por el embate de los elementos atmosféricos; tras estos hay un frondoso bosque y en último término se atisba una isla en el mar, sobre todos esos elementos se encuentra un cielo tempestuoso, que parece regir sobre los demás elementos del cuadro. Las tonalidades umbrosas cargan la atmósfera de electricidad, la sensación de movimiento nos la impone ese cielo que está a punto de descargar su lluvia sobre unos árboles que sobreviven estoicamente; el conjunto pictórico nos evoca todo un racimo de sensaciones olorosas, la tierra mojada, las plantas… auditivas, con el viento que atraviesa la colina, los pájaros que cantan posados en la rama del árbol central, que parecen alabar con sus trinos a la Natura…visuales, nuestros ojos se posan sobre el árbol central, pero no puede dejar de ver todo lo que se muestra, desde las plántulas a los pájaros e incluso posar su mirada en la isla… en definitiva, el cuadro muestra a una naturaleza viva y creadora. Pero, ¿cuál es el sentido de la obra, por qué no aparecen figuras humanas en ella? En primera instancia podría pensarse que el hombre no aparece representado en el cuadro porque es ajeno a la naturaleza, como si este no perteneciese a la misma y sin embargo, toda la humanidad está presente en la obra, su ausencia es lo que le da sentido, ya que si observamos el cuadro con detenimiento este nos da la sensación de ser nosotros los protagonistas de una ascensión hasta la cima de la colina y que de repente ha aparecido ante nuestros ojos este paisaje. La naturaleza sublime se muestra ante quien se encuentra observando el cuadro y se siente protagonista del mismo, su mirada es la que descubre en el paisaje la sensación de estar frente a él, en él. La estética romántica del paisaje pretende incitar al hombre a descubrir la naturaleza, la fuerza de la obra pictórica reside en convertir al espectador del cuadro en parte intrínseca del paisaje, en hacer sentir al espectador las sensaciones que sentiría al estar en la naturaleza representada.
Como hemos visto en las obras de Goethe, Beethoven y Carus, la estética, nacida de la imaginación de Schiller, provocó el surgimiento de una corriente artística, el Romanticismo, que ponía en valor al individuo, al inconsciente, a la Naturaleza. Schiller abrió la caja de Pandora y sacó a la luz las emociones humanas que la Ilustración pretendió encerrar y excluir de la vida humana, las pasiones estaban sometidas por la razón; el siglo XIX se inicia con dos discursos opuestos: el estético de Schiller y el positivista de Comte; la estética denuncia los males que el positivismo ha traído al hombre, la fe en el progreso y en el pensamiento analítico no nos traen la felicidad, sino la desgracia, las libertades políticas nacidas de la revolución han traído una democracia burguesa que oprime a los pobres y la tecnología ha generado un proceso de industrialización que aliena al individuo sustrayéndole su capacidad creativa y productiva en su trabajo para convertir al trabajador en una pieza más del engranaje industrial, en una mercancía que se compra y se vende; Schiller nos abre los ojos al mundo de los sentidos y los artistas, los genios creadores, generan obras que reconcilian al hombre con la naturaleza y con sus pasiones. La estética nace con y para el arte romántico y se expresa a través del arte una filosofía que justifica la existencia del mundo convirtiendo a este en una obra de arte y justifica a la humanidad consagrándola como artista; el mundo y el hombre son arte y el arte es el mundo y el hombre, el arte se vivifica y la vida se hace artística, se entiende, pues, que la vida es un fenómeno estético; y nadie como Nietzsche entendió esta verdad. Toda la estética romántica y las obras de arte que la muestran son un preludio a la obra de Nietzsche.
Nietzsche nace en la Prusia de 1844 y se doctora brillantemente en la Universidad de Basilea, logrando ser nombrado Catedrático de Filología Clásica en esta Universidad; pero su salud empeora, sufre frecuentes cefaleas que le obligan a abandonar su carrera académica, que le habían reportado fama y amistades como la del filósofo Schopenhauer y el músico Wagner. Su enfermedad le obliga no solo a marcharse de la Universidad, sino también a emprender un viaje por Italia, alejado de las rigideces académicas emprende una revolución vital, que había tenido su origen en la revolución estética, que planteaba, para la sociedad positivista de su tiempo, su obra El nacimiento de la Tragedia.
Un eminente ilustrado, Blaise Pascal, había abierto un frente contra el sistema de pensamiento vigente en su época, pensar que la razón es la única verdad y que la pasión tan solo es un freno para el conocimiento, para el progreso y la felicidad humana es el mayor error que la Ilustración dejaba al hombre, esa intención de generalizar, lo que él denominaba, el espíritu geométrico, aniquilaba las posibilidades que ofrecía el espíritu de sutileza, pues, las emociones hacían al humano más proclive a la felicidad.
Nietzsche retoma esta idea en su obra El nacimiento de la Tragedia y propone reinterpretar la cultura griega para crear una teoría general de interpretación de la cultura como descubrimiento de lo Apolíneo y lo Dionisiaco.
Lo apolíneo representa la armonía, el equilibrio, las formas estético-artísticas basadas en un canon, los principios reguladores del pensamiento, en definitiva el nomon que nos hace aprehensible el caos que caracteriza a la vida; mientras que lo dionisiaco es su complementario, es el instinto humano que lleva a este a sumergirse en el Kaos. Es el uno, lo originario donde todavía no existen individuos, ni formas, ni pensamiento, es lo indeterminado.
Lo apolíneo y lo dionisiaco se complementan, no son contrarios que se oponen uno al otro, sino que se suceden y se relacionan en el quehacer artístico y por ende vital; ya que Nietzsche propone una unidad indisoluble entre el arte y la vida. Nietzsche fundamenta en El origen de la Tragedia que nuestra visión de una Atenas en la que la belleza y el equilibrio de las proporciones, de la dimensión racional de su arte y su vida, es falsa. El cristianismo había falseado la historia para trasladarnos una visión que excluía la dimensión emocional, ligada a la experiencia sensorial, corporal, para presentar una realidad escindida en dos, en la que todo lo relativo a la razón y su afín, el alma, era lo verdadero y lo superior; dejando al cuerpo y a sus sentidos fuera de la vida. Ante este falseamiento que no reconoce las virtudes y la existencia de la Atenas de las danzas, de los festivales orgiásticos, del teatro trágico… Nietzsche expone en El nacimiento de la Tragedia la realidad de esa Atenas en la que conviven lo apolíneo y lo dionisiaco, ejemplificándose dicha convivencia en la danza, fenómeno artístico que expresa a través del movimiento corporal su unión con el movimiento musical y a ambos con el movimiento y la música natural del mundo, lo que Pitágoras concebía como música de las esferas y que se expresaba en el mito de Orfeo, que encantaba a las rocas, los animales, los ánimos por medio de la música, generadora esta de una comunión entre lo que somos, lo que pensamos, lo que percibimos, lo que sentimos. En la danza los ritmos de la música y de la vida se acompasan, nuestros corazones laten al tiempo que marca la música y cuando la armonía de nuestros movimientos corporales se acompasan con la armonía musical se produce un instante mágico en el que los danzantes abandonan el yo apolíneo y se sumergen en el nosotros dionisiaco, el equilibrio se convierte en dinamismo, la cultura se convierte en naturaleza… La danza se convierte en un rito de transición entre lo apolíneo y lo dionisiaco, los danzantes pasan por una fase de separación, se reúnen unos pocos y se atavían con instrumentos y vestimentas que los separan del resto de la sociedad; se colocan al margen de la sociedad y llevan una vida marginal donde el exceso sensorial y sensual conduce al saber, finalmente, se produce una agregación con la vuelta a la sociedad, pero habiendo sido transformados por el encantamiento del arte, de la música y la danza que los ha hecho transitar de lo apolíneo a lo dionisiaco y de nuevo a lo apolíneo, en un viaje de ida y vuelta, en un eterno retorno a ser ciudadanos-danzantes-ciudadanos. El fin último que se propone Nietzsche en El nacimiento de la Tragedia es hacernos ver la vida como un juego, como un arte. Un poema expresa mejor que cualquier comentario, lo escrito ut supra.
LA NOCHE VA LLEGANDO
Ya oigo las flautas y timbales
que anuncian el fin de las vestales.
Ya veo al grupo de ditirambos
que llegan cantando y bailando joviales;
y Yo, alegre mortal, entrambos...
¡Disfrutando de gloriosas bacanales!
  
En conclusión, la estética surgida en 1795 del verbo de Schiller se muestra en el romanticismo y se desarrolla hasta sus últimas consecuencias en la obra de Nietzsche; ya que este convierte su obra en su vida y su vida en arte. Toda vida es arte y todo arte es experiencia estética, ergo, toda vida es experiencia estética.  

jueves, 9 de junio de 2011

EL ISLAM DIALOGA CON OCCIDENTE

Hace poco hubo una serie de congresos en los que se meditó sobre la necesidad que tiene Occidente de reconocer de una vez por todas las bondades del islam y asumirlo como parte de su historia pasada y ante todo de su futura; ya que bien sea por la inmigración o bien sea por el índice de natalidad de los inmigrados, estos acabarán conformando mayorías sociológicas que pueden establecer líneas políticas que converjan con sus hábitos culturales.
Ante esta inexorable realidad, como Occidental he asumido una posición abierta y no frentista ni demagógica; sino todo lo contrario, he asistido a esos congresos y escuchado atentamente lo que en ellos se exponía por parte de relevantes autoridades académicas y religiosas. Pues bien, resumo aquí tres frases de uno de estos prohombres que vino aquí a fomentar el diálogo entre el Islam y Occidente.
  1. A mí no me interesa lo que dice Aristóteles, a mí solo me interesa lo que dice Mohamed.
  2. El Corán se puede leer traducido, pero solo se lo puede comprender en árabe, porque la lengua coránica, mi lengua es sagrada.
  3. Tú no eres lo que tú piensas de ti, sino lo que yo percibo de ti.
 Tres estractos no es mucho, teniendo en cuenta lo amplio que puede ser una serie de congresos de una temática tan candente, pero es que esto es un blog, no pretendo dar información, tan solo es una opinión; sin embargo, estas frases me escaman y me conducen a pensar que el islam tiene un serio problema, pero este no lo creamos solo en Occidente, a mí si me interesa Aristóteles y también me interesa Mohamed o Ibn Arabi o Ibn Batuta o cualquier otro pensador que aporte algo a la humanidad, ya sea griego, cristiano, musulmán, chino... que más da de donde venga el pensamiento, lo importante es que sea bueno para todos. Respecto a decir que el árabe es una lengua sagrada es como decir que la mía es profana y lo último y ya acabo este post, me parece que uno se define a sí mismo y actúa según su conciencia, sus actos serán juzgados por otros, pero mi ser es definido por mi ser, lo contrario podría llevarnos a cosificar a las personas y creer que estas no son humanos, con la historia nazi creo que ya ha sido suficiente.
Islam, si me buscas para dialogar te recibiré con los brazos abiertos, pero con mi mente crítica... espero que tú hagas lo mismo.

domingo, 22 de mayo de 2011

DEL TALENTO

La noción de talento encierra en sí las nociones de inteligencia, capacidad para entender, y aptitud, capacidad para desempeñar una tarea; es decir, que el talento es la capacidad para entender y desarrollar una labor, es pues una capacidad innata en todo ser humano dotado de inteligencia, ya que con esta se implementan una o varias aptitudes que estarán imbricadas en el desarrollo de todo ser humano, el que este cultive unas u otras dependerá del entorno social en el que sea educado.
Así pues, con la entrada en el mundo de una nueva vida se inicia una nueva posibilidad, el ser humano nacido lo hace con un desarrollo pluripotencial que poco a poco se irá decantando en un sentido concreto, a unos les placerá desarrollar un talento científico, social, estético... Pero la cuestión última es que todo ser venido al mundo tiene la posibilidad de desarrollarse en el modo en el que su ser disponga y las circunstancias le permitan.
Dicho esto, se abre la cuestión de si un ser humano tiene derecho a no desarrollar hasta sus últimas consecuencias sus talentos, ¿somos libres hasta el punto de no llevar a término lo que sería bueno en sí?
En principio, no. No somos libres, sino que estamos implicados como especie en un viaje hacia la supervivencia, por lo que cada uno debe desarrollar al máximo las capacidades de las que disponga, aun sabiendo que esto le provocará más de un sinsabor. Todo ser humano debe desarrollar sus talentos y no caer en la indolencia y vivir en un viaje finito, acometiendo los días bajo el lema: "Carpe diem". Muy al contrario la máxima por la que debemos regir nuestras vidas es: "Pretende que cada una de tus palabras y actos pasen a la posteridad", dictum est.
Dado que debemos desarrollar nuestro talento por el bien en sí que esto supone, amén de ser bueno para la supervivencia de la especie, debemos considerar: ¿qué talentos debemos desarrollar y si son todos loables?
En principio, sí. Sí, todos los talentos son igualmente loables siempre y cuando redunden en el bien del individuo y del colectivo, del género y de la especie. No existe un talento mayor o inferior respecto a otro talento, ya que ambos se encuentran en el fiel de la balanza, aunque en nuestro quehacer diario parezca que el talento científico redunda un beneficio mayor para el colectivo, solo lo es en apariencia, pues el talento estético también redunda beneficios en el mismo sentido en que lo hace el talento científico, es un bien en sí el que un músico ejecute una melodia en el mejor modo posible, es un bien para él y para quienes lo escuchan y es beneficiosa en igual medida que cualquier otra manifestación talentosa. 
A tenor de lo expuesto, no nos queda otra que desarrollar nuestros talentos en la medida de nuestras posibilidades, no compitiendo con otro que consigo mismo, ser el mejor por el puro placer de serlo.

martes, 17 de mayo de 2011

EN EL BAR DE MOI: POEMA DE UNA NOCHE DE VERANO (GERTRUDE HEISENHERTCH)

Es una noche amarga,
Así que voy al bar de Moi
Para que me diga quién soy.
Me echa una mirada larga
Y me dice: eres quien manda.
_ ¡Pues ponte un litro
Que quiero sentirme vivo!
Bebo, respiro, bebo
Y miro en derredor.
Dunas, Dunas, un sinfín de Dunas,
Que se deslizan una tras otra
Como olas movidas por la tempestad.
Una de ellas me golpea
Y derramo el amargo néctar
Sobre la caliente arena;
Y surge de ella una murena.
_ ¡Litro, ponte un litro, Moi!
¡Moi, ponte un litro, un litro!
La tempestad arrecia,
De la murena hecho presa,
La vida se aprecia.
Su dentellada de fresa
Mi pescuezo muerde;
Y con cierta sorpresa.
Bebo, respiro, bebo.
La miro sin recelo…
Y sigo sin saber quién soy;
Pero ya no la echo de menos.

COMENTARIO
El poema tiene como temática central el miedo a la soledad y también refleja cómo nos dejamos llevar por las pulsiones.
Desde el primer verso el poema sumerge al lector en un ambiente cerrado y oscuro, la noche refleja la soledad del individuo que se arrastra por la vida en busca de algo que dé sentido a su existencia. El yo poético es un yo universal, que se cuestiona a sí mismo y que siente la necesidad de que alguien le demuestre que no está solo.
La noche da paso a un local, un lugar aún más cerrado y oscuro, esta contracción súbita del espacio produce una insoportable sensación de angustia, que conlleva el cuestionamiento del ser. Es en ese momento cuando se produce un cruce de miradas y el yo se enfrenta al juicio del otro, de este juicio banal surge la duda, ¿realmente estoy con alguien o sigo solo? El vacío de la conversación provoca un aislamiento aún más pronunciado.
“Bebo, respiro, bebo” este verso resulta clave en el poema, pues refleja dentro sí las problemáticas más acuciantes del conjunto del poema y actúa como llave en la apertura y comprensión del mismo. El que el verso comience y finalice con el mismo vocablo, así como la aliteración bilabial, inciden en dar una visión cíclica y estática de la vida; y a su vez las acciones antagonistas de los verbos nos informan de la obligación que tenemos a lo largo del ciclo vital de elegir, estamos permanentemente obligados a tomar elecciones: o bebes o respiras.
En una vuelta de tuerca más, el individuo se ve traslado al lugar que refleja por excelencia la soledad, el desierto. La angustia vital llega a su momento culmen cuando el yo poético se siente rodeado por Dunas, que representan al conjunto de individuos solitarios que confluyen en un mismo lugar, la imagen de esas Dunas movidas por la tempestad es el reflejo de la gente que baila al son de la música, personas que bailan en la oscuridad y que buscan al otro para dar sentido a su existencia.   
La imagen surrealista se agudiza cuando al derramar líquido sobre una de las Dunas, de esta surge cual Venus una murena. Esta imagen sorprende porque el lector esperaría ver como de la arena surge y se modela, cual figura de barro adánica, una hermosa mujer; pero no, de la arena del desierto sale un pez ¡y no uno cualquiera! De las arenas del desierto emerge una murena, que es un pez con aspecto de sierpe que nos remite al mundo de las tentaciones. Es necesario reparar en que una de las características de las murenas es que caza cefalópodos, lo que reincide en la visión del hombre-pulpo que sale a cazar y sin embargo, es cazado; además la sonoridad de la palabra encierra por asimilación semántica el concepto muro y arena. La murena sigue siendo la Duna, sigue siendo un individuo solitario que busca reafirmar su existencia; pero esta mujer-pez-duna está rodeada y protegida por un infranqueable muro que no permite hallar su existencia. Con estas imágenes, sugeridas por los versos centrales, hemos dado un paso hacia la irracionalidad; nos estamos sumergiendo en el mundo de las pulsiones. Envueltos en la bruma de la pasión, perdemos nuestra conciencia y entramos en el mundo del inconsciente, del animal que portamos y ya no somos individuos, sino animales que no se cuestionan su ser.
Pero en medio de la pasión, el consciente resurge y nos vemos obligados a elegir y volvemos a replantearnos nuestra existencia y vuelve la duda, la necesidad de encontrar una mirada en el otro que nos haga ver que no estamos solos.
Y sigo sin saber quién soy;
Pero ya no la echo de menos.
Estos versos finales remiten a la idea de soledad, negar lo que resulta evidente, reafirma lo evidente. Por reducción al absurdo comprendemos que el yo se siente solo; pues sí que la echa de menos y sigue encontrándose solo, lo que nos lleva a pensar en el mito del andrógino. Nos sentimos seres incompletos, estamos solos porque nos falta nuestra alma gemela.
La búsqueda del otro, de lo que nos complementa y nos hacer sentirnos llenos y plenos de existencia, se refleja en las imágenes del poema, en el que contrastan acciones y sensaciones antagonistas:
Y derramo el amargo néctar
Sobre la caliente arena;
En estos versos se observa el contraste entre líquido y sólido, entre el frío de la cerveza y el calor de la arena.
Su dentellada de fresa
Mi pescuezo muerde;
Aquí vemos a dos seres racionales que actúan como irracionales, la mujer convertida en pez muerde (besa) el pescuezo (que asociamos a los animales) del hombre.
Este contraste se observa sobre todo en el verso:
Bebo, respiro, bebo.
Así pues, las imágenes y las acciones del poema sugieren la idea buscada de reflejar el miedo a la soledad y la quiebra del ser, que se ve sometido a cuestionarse su existencia y cuya solución o respuesta podría estar en dejarse llevar por sus pulsiones irracionales y no estar permanentemente subyugado por el raciocinio.

martes, 10 de mayo de 2011

EN TORNO A LA COMIDA

Cómo percibe y se relaciona el hombre con el alimento y cómo es el modo de conseguir y preparar comida define la cultura humana. Para ello el autor ha dividido el texto en una serie de capítulos, que comienzan con un preámbulo titulado, Los alimentos también tienen significados, que comenta que la nutrición y la dietética, junto a la producción de alimentos, son temas de interés de Estado, el cual, aconsejado por médicos y economistas, hace recetas, impone una dieta. En USA un niño ve una media de 22000 anuncios, de los que el 50% están referidos a alimentos procesados en la industria, de ahí que se diga que el Estado hace recetas, sin embargo, la comida no es solo una actividad biológica, es un fenómeno cultural. Por ejemplo en USA, los jóvenes conocen intelectualmente el valor nutritivo de los alimentos, pero es común que practiquen una dieta llamada junk-food (pizza/hamburguesa/coca-cola); esto se explica porque el alimento se asocia a eventos sociales, no se vende café porque sea un estimulante, sino porque se asocia a una cafetería donde se establecen relaciones sociales. Así pues, saber quién, qué y cómo prepara el alimento nos aporta una información muy valiosa sobre los sistemas culturales, que se componen de:
1.      El sector técnico-económico-ambiental, que se refiere al modo según el cual el sistema cultural se adapta a su hábitat y extrae, transforma y distribuye el alimento y las demás formas de energía.
2.      La estructura social, que permite describir cómo se mantienen relaciones armoniosas entre los individuos pertenecientes al grupo del cual obtienen su energía y que, asimismo, engendran la generación siguiente.
3.      La ideología, que nos proporciona el modo mediante el cual los miembros del grupo social considerado perciben el mundo, su adaptación técnico-ambiental y su estructura social.
La evolución del comportamiento humano es resultado de la interacción entre el comportamiento alimentario e instituciones culturales.
El capítulo, Condicionamientos biológicos, comenta que dientes, tripas y ácidos gástricos hacen posible al hombre tener una alimentación omnívora y por tanto le es posible adaptarse a distintos medios ecológicos; pero esto conlleva un contratiempo, la necesidad de encontrar en el medio la variabilidad de nutrientes necesarios para la supervivencia.
Además del condicionamiento biológico, existe el cultural, que incide sobremanera en el biológico; ya que los cambios culturales son más rápidos que los biológicos. Prueba de ello lo da el que en las sociedades donde se ha desarrollado una actividad ganadera continuada durante milenios, los individuos han ido desarrollando una tolerancia a la lactosa, algo que no se da en la mayoría de las sociedades que no han convivido con ganado y que como el resto de mamíferos desarrolla una intolerancia a la lactosa a partir del destete. Para entender las relaciones entre Estado y alimentación, es muy interesante destacar que en este capítulo se critica a la publicidad engañosa, que asocia leche a salud, y sobre todo a los programas de alimentos para los países del tercer mundo; ya que estos incluyen la leche en polvo como paquete básico de alimento, cuando resulta que la población a la que va destinada la leche en polvo, no puede beberla, ni asimilarla, ya que es intolerante a la lactosa.
En cuanto a la formación del gusto, el capítulo comenta que detectamos el sabor amargo, porque las toxinas tienen dicho sabor; y el sabor dulce, porque este indica que el alimento porta azúcar, que es energía rápida. Una particularidad del ser humano es que es capaz de tomar alimentos que en primera instancia le resultan desagradables: el alcohol, el chili… son desagradables al gusto; pero el ser humano puede ingerirlos reiteradamente.
Ecología, tecnología, economía, cultura es un capítulo que comenta cómo la humanidad presenta en su conjunto una gran variabilidad en su forma de obtener alimentos; sin embargo cuando se escoge a un grupo particular se observa cómo la variabilidad disminuye, los inuit se alimentan a base de carne y pescado, otros pueblos lo hacen a base de cereales; aunque también se observa que los grupos nómadas diversifican su alimentación, las tribus de Norteamérica recolectaban unos cien tipos de semillas para su alimentación. Pero lo llamativo de este capítulo estriba en que los estudios muestran que ningún grupo humano cataloga como alimento todos los recursos a su alcance y siempre presenta algún tipo de restricción alimenticia. Por ejemplo, los bosquimanos dedican unas tres horas al día para recolectar alimentos, el 80% de su dieta se constituye por la recolecta de semillas y plantas, pero aún así recogen unas semillas y desprecian otras, esto indica que el hombre no solo obedece a la escasez de recursos a la hora de establecer valoraciones sobre qué se come; como se observa en la tabla:

Alimento
Comestible en:
No comestible en:
Perro
Corea, China
Europa, América
Caracoles
Francia, España
Reino Unido
Insectos
América Latina
Europa


Los estudios sobre la revolución neolítica han acabado por disminuir la importancia de la auténtica revolución que marcó el destino de los seres humanos, la revolución ígnea, el asado y la cocción de alimentos. Las sociedades se adaptan al medio en que viven y eso se puede observar al comprender cómo, qué y quién prepara la comida; por ejemplo, en Japón la escasez de recursos alimentarios y la falta de combustible propicia un tipo de gastronomía en el que se preparan muchos platos crudos, se cortan los alimentos finamente y se preparan a altas temperaturas, ahorrando así costes energéticos, además se esmera la presentación del plato, las raciones son pequeñas y sabrosas para enmascarar la escasez de alimento.
Observando el modo en que se preparan los alimentos podemos deducir cómo se desenvuelven roles sociales, ya que la cocina está relacionada con la distribución de tareas en el ámbito doméstico; así pues, se comprende que en India, donde el combustible lo proporciona el estiércol de vaca, dando una llama de baja temperatura, pero de larga duración, las mujeres trabajan en el campo; puesto que la lenta cocción favorece que estas puedan dedicar tiempo a las tareas agrícolas.
Creencias religiosas y dietéticas, la religión condiciona altamente la elección de qué se puede comer, ya que esta contempla tres fines primordiales para los alimentos: comunicarse con dios (ofrendas), mostrar la sumisión a la ley de dios (tabúes) y desarrollo de la disciplina (ayuno). Para la consecución de esos fines la religión incide en aspectos tales como: qué se puede comer y qué no; qué se come durante las fiestas; horarios de las comidas; cuándo comienza y cuánto ha de durar un ayuno.
Las explicaciones para generar prohibiciones alimentarias pueden ser variadas, hay quienes le dan una razón simbólica, por ejemplo, no comer comadreja porque este animal representa el chisme malicioso; por razones de oposición, santo frente abominable; pero una de las aportaciones explicativas más interesantes es la de Mary Douglas que presenta un estudio fundamentando que los tabúes alimentarios responden a un esquema general del mundo, los animales con un medio de locomoción distinto a su medio son catalogados como impuros, poniendo a los hebreos y sus tabúes como ejemplo, no comer gambas, estas son impuras (tienen patas, pero viven en el mar). Los tabúes también responden a criterios ideológicos como clasificar los alimentos en fríos o calientes, de modo que la alimentación tienda al equilibrio, lo que explica que alimentos como la leche de búfala que es considerada como alimento caliente, se rebaje con agua para ser bebida en una proporción de 2 partes de agua por una de leche; la leche de vaca, menos caliente, se rebaja con una parte de agua; mientras que la leche de cabra se puede tomar sin rebajarla con agua, pues se la considera fría; es probable que este esquema responda a la experimentación, la intolerancia a la lactosa provocó, probablemente, esta distinción clasificatoria. Otros autores en cambio abogan por dar una explicación materialista a los tabúes, intentando poner un orden lógico a los hechos humanos, que seguramente no tenga; Marvin Harris defiende que la cría de cerdos resultaba demasiado costosa, por lo que la religión incentivo el cultivo agrícola, en detrimento de la ganadería de suidos, el modo de conseguirlo fue generando un tabú sobre el consumo de carne porcina.
Funciones socioculturales de la alimentación, según un estudio de Baas, Wakefield y Kolasa, existen los siguientes motivos para comer:
1.      Satisfacer el hambre y nutrir al cuerpo.
2.      Iniciar y mantener relaciones personales y de negocios.
3.      Demostrar la naturaleza y extensión de las relaciones sociales.
4.      Proporcionar un foco para las actividades comunitarias.
5.      Expresar amor y cariño.
6.      Expresar individualidad.
7.      Proclamar la distintividad (distinción) de un grupo.
8.      Demostrar la pertenencia a un grupo.
9.      Hacer frente al estrés.
10.  Significar estatus social.
11.  Recompensas o castigos.
12.  Reforzar la autoestima y ganar reconocimiento.
13.  Ejercer poder político y económico.
14.  Prevenir, diagnosticar y tratar enfermedades físicas o emocionales.
15.  Simbolizar experiencias emocionales.
16.  Manifestar piedad o devoción.
17.  Representar seguridad.
18.  Expresar sentimientos morales.
19.  Significar riqueza.
De la relación de posibles funciones socioculturales asociadas a la alimentación podemos inferir que la alimentación está relacionada con el prestigio social, de ahí el interés con que se estudia el fenómeno del potlatch, que es un término con el que se define una fiesta ritual de la tribu kwakiult en la que el anfitrión ofrece a sus invitados un festín con multitud de regalos y platos como muestra de su estatus y para acceder o mantener dicho estatus se esmera en preparar el mejor potlatch que pueda permitirse, ya que a mayor muestra de generosidad, mayor prestigio se obtiene. Así pues, el potlatch tiene tres funciones asignadas: redistribuir alimentos y riquezas entre los distintos miembros de la sociedad; revalidación de un cambio en el estatus social; conversión de la riqueza en estatus y rango social, lo que motiva un ciclo de intercambios. Pero esta tradición, aunque de forma enmascarada, se sigue dando en otras sociedades; pues la comida representa el estatus; por ello, la elaboración de un plato con productos raros y costosos son obligados en las comidas, cuando se quiere o requiere mostrar la diferencia de estatus, una invitación a una mariscada regada con champán con partículas de oro reflejan el estatus social de quien ofrece la comida y así se le reconocerá por los invitados.
La fiesta, la comida común, supone un gasto publico y en esta medida expresa los medios materiales de existencia de la misma sociedad; ya que transforma en comunitario en social, una parte del consumo propio. Existen diversos tipos de fiesta:
·         Ecofiesta: celebración astronómica o estacional.
·         Teofiesta: celebración religiosa, que, por lo general, se superpone a la ecofiesta.
·         Seculares: fiestas civiles como el día de la patria.
·         Ritual, que puede ser personal o familiar.
Otra de las funciones de la alimentación estriba en la configuración de una identidad; ya que compartir hábitos y pautas de alimentación proporciona cierto sentido de identidad y de pertenencia a un grupo, algo que se denota porque el individuo se asocia con un pasado común en lo que come, ya que hay valores psíquicos asociados a los alimentos.
Comportamiento alimentario y tradición culinaria, lo que comemos y cómo lo comemos está en función de:
1.      Limitado número de alimentos seleccionados entre los disponibles en el medio, en función de la facilidad de acceso y la energía precisa para obtenerlos.
2.      El modo de prepararlos: asados, cocidos, fritos…
3.      Principios de condimentación tradicional.
4.      Conjunto de reglas: número de comidas diarias, si se come solo o en grupo, separación de alimentos con fines rituales o religiosos, tabúes.
Una cocina nacional contiene, fundamentalmente, aquellos alimentos y modos de prepararlos que son considerados como normales, típicos o propios de un país y que constituyen un signo de identidad grupal. Como ocurre en otras pautas culturales, la cocina es tomada como algo dado por los miembros de una comunidad y solo las desviaciones de la norma son percibidas como tales. Así pues, la cocina muestra la influencia combinada de:
1.      Un medio determinado (disponibilidad de ciertos productos).
2.      La cultura (tecnología para producir y preparar alimentos; así como el sistema socioeconómico)
3.      Ideología (creencias ligadas a los alimentos)
Las influencias que surgieron tras el contacto entre diversas culturas a partir de la era de los descubrimientos geográficos a gran escala (siglo XVI) hizo que la cultura culinaria de las culturas en contacto cambiasen; por ejemplo, en Europa se introducen alimentos como la patata, el tomate… lo que se conoce con el nombre de aculturación culinaria. En la actualidad, esta aculturación incide en la homogeneidad alimentaria, es decir, las sociedades consumistas obligan a los miembros productores (a escala mundial) a producir un reducido número de alimentos, en detrimento de la diversidad, lo que incide en el desarrollo estructural de las poblaciones rurales, que ya no controlan la producción de alimentos, pues esta está en manos de multinacionales.

domingo, 8 de mayo de 2011

METÁFORAS AMOROSAS DEL MEDIEVO

La Aquileida es un poema bizantino que versa sobre las aventuras y desventuras de un joven noble, que tras vencer a todo aquel que osó enfrentársele, cayó rendido ante una joven doncella por causa de amor. Aquiles, un joven noble tan virtuoso como pendenciero, conoce a una princesa e inmediatamente cae enamorado de ella; a partir de ese momento ambos tendrán que afrontar infinitud de pruebas de amor, que culminarán en un desenlace que se repetirá y supondrá un modelo a seguir a lo largo de la historia literaria. Este Aquiles del siglo XIV es más humano que su predecesor homérico, pero procede también de esa inagotable fuente cultural que representa la Grecia Clásica para nosotros. De ella hemos extraído infinitud de motivos literarios que tanto han repercutido en nuestra literatura y que con el transcurrir del tiempo sufrió un retorno desde la Europa Occidental, en especial de Francia, hacia la Europa Mediterránea. La Aquileida es un ítem que muestra la unidad estructural del sentimiento humano y nos permite reconocer algo tan básico como que las pretendidas diferencias culturales son inexistentes, ya que todos somos uno y lo mismo, pero nos catalogamos de muchas maneras; buena prueba de ello lo constituye la temática amorosa en la literatura, que a continuación desglosaré en este poema griego-francés-europeo… Humano.
El amor se convierte en el auténtico motor de la historia que se narra y aparece a lo largo de toda la obra en sus más diversas manifestaciones metafóricas. La Aquileida es un ejemplo de poema novelesco cortesano, que hereda formas y motivos del amor cortés provenzal. Ya en los primeros versos el autor establece una serie de comparaciones que muestran al amor como: una autoridad, una fuerza coercitiva a la que hay que obedecer; como una cárcel, que retiene a los hombres; como una enfermedad, el amor hiere al hombre; como una llama, que te quema por dentro y por fuera. Hay en la obra otras imágenes del amor mucho más sensuales, tal es el caso de la mirada de amor, que convertida en flecha de cupido, atraviesa el corazón de los jóvenes. Aparece el motivo del jardín, lugar que simboliza a la amada. Allí se ubica una fuente de la que emana el deseo, la pasión sexual, que el joven Aquiles quiere besar. Este jardín se convierte en Edén, en paraíso, y los elementos naturales se transforman en elementos con una evidente connotación sexual; por ejemplo, en el poema los cuerpos de los amantes se comparan con árboles y frutos, como el ciprés y las manzanas; también se utiliza como símil elementos minerales, dando todo ello un carácter sexual a la naturaleza. El autor plasma en el poema la sexualidad de la naturaleza, el ciclo reproductivo de la misma se relaciona con nuestro propio ciclo, a través de un  lenguaje agrícola; apareciendo en la obra verbos como recolectar o cosechar. Esta asimilación entre amor y naturaleza lleva consigo una visión cíclica del amor; y por ende, se asimila el amor a la muerte y esto se pone de manifiesto en la intención del joven Aquiles de querer ser enterrado junto a su amada. Esta dualidad amor / muerte, también se refleja en la metáfora del amor como combate, como forcejeo, que si bien, se entiende como metáfora sexual, de algún modo refleja la muerte; pues en un combate se hiere y se mata. De hecho en La Aquileida se usa también un lenguaje agrícola en las escenas de combate. Aquiles siega la vida de sus enemigos.
Toda esta simbología amorosa tiene una clara influencia occidental, pero La Aquileida es un poema que entronca con las raíces de la épica griega medieval; pues tanto sus personajes como su trama tienen reminiscencias del gran poema épico Digenis Akritas. Algunas de sus similitudes se muestran en la trama, por ejemplo, Aquiles se enfrenta a la familia de su amada, del mismo modo que Digenis combate a los familiares de la suya; incluso, se llegan a copiar escenas como la lucha entre Digenis y un león, que aparece también en La Aquileida. Pero donde más se parecen ambas obras es en la construcción de los personajes, Aquiles es presentado como un joven noble, detalle que se nos aporta por medio de la metáfora del pecho blanco, extraordinariamente bello, inteligente, astuto, fiero, amante del combate, victorioso... Todas estas virtudes son exageradas por el autor hasta el extremo de convertir a un hombre en un ser divino. Esas mismas virtudes y esa misma exageración se daban ya con creces en el Digenis.
La astucia en el combate y en la vida es una característica común en Digenis y en Aquiles, lo que los entronca como personajes griegos con el más astuto de los hombres, Odiseo; también aparecen ataviados con armamento que rememora a Heracles, la maza. La astucia junto con la fuerza y valentía de Digenis y Aquiles les hace aparecer como invencibles, pero hay un combate, un enemigo al que no pueden derrotar, ambos sucumben ante el amor / muerte.
Otro elemento común a ambos personajes es su capacidad para enamorar a través de la palabra y para ser más precisos, a través del canto. Esta característica, al igual que el uso de nombres como Afrodita y Helena para recalcar la belleza de una doncella o Aquiles a un campeador, nos transporta a una época anterior y aún más lejana en el tiempo, que nos hace recordar un mundo en el que la voz, el canto, estaba cargado de magia y poder; nos recuerda a los cantos de sirenas y aún más a los cantos órficos.
En cuanto a los personajes femeninos hay que decir que siguen una tónica general a la de los masculinos respecto de sus atributos, es decir, se exageran sus beldades. Pero tan solo destacan en ellas sus virtudes físicas y todo lo más, que sean tiernas y abnegadas. Son personajes un tanto planos, no tienen acción argumental propia, se diría que son personajes cuya función es provocar un cambio de registro en el personaje masculino. Las doncellas son extremadamente bellas, viven junto a su familia, de repente llega un hermoso joven del que se enamoran, pero, parece lo contrario, que es el hombre quien se enamora y ellas se dejan llevar; recuerdan a la relación entre sujeto paciente y complemento agente. Las doncellas son comparadas con árboles, frutos, fuentes, jardines, elementos de la naturaleza, de tal modo que son presentadas como llaves que permiten al hombre el conocimiento de la naturaleza. Por otro lado y para terminar, destaca el hecho de que las doncellas, que son de noble cuna, están ataviadas con multitud de elementos de prestigio como las perlas y las piedras preciosas. Algo que recuerda a las riquezas del Imperio Bizantino, pero que también cumplen una función primordial en el argumento de la obra; ya que en el desenlace final de los personajes, las riquezas no les salvan de la muerte. No importa cuan ricos sean, al final morirán como todo el mundo. Tal vez sea una aportación, probablemente inconsciente, del pensamiento cristiano a la literatura de la época.