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martes, 2 de agosto de 2011

DE DIOSES Y HOMBRES

Los últimos días los he pasado entre cogitaciones, he leído sobre mitografía china, hindú, egipcia, persa y griega; he leído introducciones al judaísmo, al islam y al cristianismo; todo ello buscando una respuesta referida a la cuestión: ¿existen los dioses, Dios? Y he llegado a las siguientes conclusiones.
Hace dos millones de años, más o menos, sucedió un hecho que Kubrik plasmó en su película 2001: Odisea en el espacio; un animal estableció la relación causa-efecto y a partir de ese instante no pudo substraerse a la necesidad de hallar la relación causal en cualesquiera acciones que se le presentaban ante los ojos, esa necesidad le llevo a generar un protolenguaje con el que comunicar a los demás dicha relación, para lo cual, los gestos y voces de alerta fueron precursores de lo que más tarde se convertiría en el nombramiento del mundo, es decir, que el animal se convirtió en hombre al generar una realidad interna que modelaba la realidad externa, creando un mundo metafórico, exógeno a la naturaleza y que convertía a esta en un mundo subyugado, incapaz de autonombrarse que acabó por ser sometido a la implacable capacidad del hombre para nombrar y establecer relaciones de causa y efecto, que promueven el establecimiento de categorías jerárquicas que derivan de la sustantivación del mundo.
El lenguaje, que servía para nombrar al mundo y explicarlo, chocaba con la escasez de conocimientos, por lo que la metaforización del mundo llevó aparejada la generación de unos dioses que explicaban la existencia de este; porque el hombre sentía la necesidad de explicar, justificar la existencia del mundo material, dar contenido causal a los efectos naturales existentes. Hasta donde he podido leer, no hay constancia de la existencia de una sociedad que no haya creado un conjunto de creencias mitológicas o religiosas, lo que me lleva a pensar que la necesidad de hallar la relación causal en el mundo llevó al lenguaje y que este en su afán de explicar dicha relación, frente a la frontera del que hay más allá, llevó a la constitución del orden jerárquico y deífico. Los dioses son la solución stándar a la ignorancia del orden causal.
Así pues, las creencias mitológicas, religiosas o espirituales derivan de la ignorancia del orden causal, conforme la ciencia despoja al hombre de la ignorancia y hace ver a este lo incongruente de sus creencias, como dijo Jenófanes: si los caballos tuviesen dioses, estos tendrían forma de caballo, los hombres nos vemos abocados a redefinirnos como entes emergidos de la naturaleza y a enunciar, o mejor aún, denunciar que esta está exenta de metáforas, es decir, que no hay dioses, ni Dios que justifiquen la existencia del mundo ni explique el orden causal de este; solo así podremos empezar a generar un mundo humano, que establezca un orden universal a su política, entendida esta como la vida en común entre los seres humanos en el mundo.
Solo si sustituimos las creencias por las ciencias podremos construir un modelo vital universal, pues solo rompiendo con las ataduras y convenciones del pasado se puede constituir un orden político que sea asumido por el conjunto de las heterogéneas sociedades que constituyen la humanidad.
No hay más Dios que la ciencia y Comte es su último profeta, ese ha de ser el lema de la humanidad. 

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